Los mandalas no son un tema religioso

A pesar que su realización está relacionada con costumbre de oriente para conectarse con un plano espiritual, en occidente se relaciona con terapias de relajación y concentración.

Así como no hay una forma correcta  o establecida para colorear, tampoco hay una sola motivación para pintar o hacer un mandala. Aunque el término proviene del sánscrito y significa círculos, estos dibujos han sido utilizados por diferentes corrientes orientales como medio de conexión con un plano espiritual, mientras que en occidente se emplean en psiquiatría para entender las representaciones del alma y en prácticas de relajación.

Su origen se relaciona con el budismo y las técnicas a través de las cuales se busca alcanzar un estado de plena  de conciencia o iluminación, pero también ha estado fuertemente entrelazado con el sufismo, una práctica similar a la del yoga, que pretende la unión del alma y el cuerpo, y a la filosofía zen, que busca la sabiduría alejándose del conocimiento teórico o intelectual, como lo asegura el libro “Y dios hizo el color”.

La introducción a occidente de esta práctica fue hecha por el psiquiatra Carl Jung, quien la utilizó para estudiar las representaciones del alma humana y a las que denominó “figuras establecidas tradicionalmente, que no solo se pintan o se dibujar, sino que también reciben forma corporal”.

Desde allí este tipo de actividades son utilizadas para buscar espacios de tranquilidad, relajación y reflexión para aquellas personas que padecen de ansiedad, tiene un carácter nervioso, pensamientos negativos recurrentes, los niños con problemas de concentración o para quienes buscan disfrutar de una actividad recreativa y lúdica.

Pero para cada una de las corrientes su significado es diferente. Para los budistas los mandalas son diagramas cosmológicos utilizados para la meditación. Su forma no importa, mientras tenga un centro y figuras ubicadas simétricamente. Además son la representación compleja del universo, en la que se evidencian los diversos aspectos que componen las enseñanzas budista, en las que se busca llegar a la máxima iluminación.

Parte de esas enseñanzas, que hacen parte de la tradición oral de oriente son acompañadas por dibujos relacionados con la naturaleza en el libro “Y dios hizo el color”, en el que se busca compartir algunas de las enseñanzas budistas, con dibujos para colorear, sin ninguna pretensión religiosa, sino con la intención de abrir el mundo a la imaginación.

Algunos son frases, parte de la filosofía zen y otros son cuentos con múltiples interpretaciones, que según sus autoras, Viviana Puentes y Daniela Alemán, buscan “encender la propia lámpara de la sabiduría” y que como aclaran tampoco quieren atar a una corriente o religión definida.

No podemos cambiar el mundo en el que se da el sufrimiento pero si podemos cambiar el ojo que ve al mundo, dice uno de los mensajes que acompañan las 50 ilustraciones que aparecen en el libro.

Por: http://www.elespectador.com

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